La Habana, 31 de enero de 2002.

Rubén: hoy, entre un montón de asuntos acumulados, encontré tus dos discos.. Escuché Babilonia. Es decir, me sumergí en esa ciudad y empecé identificando algunos rostros y rincones, hasta que acabé reconociéndola como un sitio entrañable donde solía ir a jugar, en mis sueños de niño. La Opera del Silencio la voy a dejar para más tarde. Babilonia es un concentrado demasiado sustancioso, no es un lugar de paso, y quiero darle algunas vueltas más, porque está lleno de detalles, de referencias culturales, de guiños para entendidos (y posiblemente hasta para desentendidos como yo). Quiero que te sientas felicitado por un trabajo tan acucioso y delicado, y que contigo abraces a esa pléyade de mujeres barbudas, enanos, prestidigitadores, malabaristas y hombres-elefantes que conforman tu tropa. Vaya retablo interesante.

Me gustaría saber cuál ha sido tu formación (aunque a través de toda Babilonia y hasta en la biblioteca de Alejandría has dejado señales). Hay mucha Europa, mucho viejo mundo en tu trabajo sobre todo musical (cierto que analizado y rehabilitado por tu personalidad). No se sabe tampoco dónde naciste ni cuánto hace, ni cuantos tumbos diste antes de descubrir a Babilonia. Espero que no hayan sido demasiados ni muy dolorosos.

Gracias por tu nota de identidad. Gracias a ti, por tu talento; gracias a todos ustedes.

 

Silvio Rodríguez.